Twitter tuvo una evolución progresiva de su logo a lo largo de los años. Esto no solo es normal, sino totalmente necesario porque las marcas requieren refrescar su imagen cada cierto tiempo. Pero hacer modificaciones extremas sin una campaña de comunicación que le acompañe es un riesgo potencial alto para cualquier proyecto.

El antiguo Twitter o el nuevo X (el nombre no parece pegar bien y tampoco ayuda mucho la connotación negativa de la X), tiene grandes problemas con sus usuarios porque el cambio rompe el compromiso que la comunidad ha establecido con la marca y que la vincula a los valores y objetivos que esta representa.
El compromiso como estrategia
El caso de Twitter nos ayuda a conversar sobre una de las estrategias de comunicación más importantes: el engagement o compromiso de la audiencia.
Lograr que el público se sienta identificado con los valores, metas y acciones es vital para el apoyo y crecimiento de cualquier proyecto. Este compromiso se construye cuando escuchamos a nuestra audiencia, la entendemos, involucramos y finalmente formamos una comunidad.

Crear compromiso con nuestra audiencia debe ser una de las principales metas de cualquier organización, pero en el caso de entidades educativas y de desarrollo esta estrategia es fundamental.
¿Esto quiere decir que no podemos hacer grandes cambios en nuestra imagen? Absolutamente, no. Lo que implica en que debemos comunicar estos cambios efectivamente para mantener el vínculo con nuestra comunidad y reforzar los valores que el proyecto comparte con su público.
Portavoz

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